En política todo comunica. Incluso el gesto más sencillo es semiótica. Bajo esa premisa, que el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Hugo Aguilar Ortiz, haya permitido que sus colaboradores se hayan agachado a limpiar sus zapatos, fue erróneo desde cualquier punto de vista de la comunicación política.

La escena la vimos hasta el cansancio: en el video de escasos 12 segundos, el ministro presidente llega a un acto oficial en Querétaro por el aniversario de la Constitución de 1917, realizado en el Teatro de la República, y dos de sus colaboradores se agachan para limpiar sus zapatos.

Para una primera lectura o un análisis superficial dicho gesto podría significar soberbia, engreimiento e incluso clasismo o machismo. Sin embargo, nada de eso ocurrió, a pesar de que los medios con tendencia hacia la oposición se empecinaron en decir lo contrario.

A pesar de la estrategia de control de daños implementada casi de inmediato por Hugo Aguilar y su equipo de comunicación, el daño estaba hecho: un sector de la población se sintió genuinamente indignada y enfurecida, pero, exactamente, ¿por qué?

La colaboradora que protagonizó el incidente no es cualquier empleada, se trata de la directora de comunicación de la SCJN, Amanda Pérez Bolaños. No es cualquier subordinada, probablemente sea una de las funcionarias con mayor poder en el organigrama del Poder Judicial.

Se trata de Amanda Pérez Bolaños. Los medios de comunicación pusieron especial énfasis en que se trataba de una exalumna del ITAM, una universidad cuyas mensualidades pueden alcanzar hasta los 120 mil pesos, donde han estudiado los hijos de las familias de la élite mexicana.

Solo por nombrar algunos, entre sus exalumnos destacan Luis Videgaray (exsecretario de Hacienda y Relaciones Exteriores), Agustín Carstens (exgobernador de Banxico), José Antonio Meade (excandidato presidencial), Ernesto Cordero (exsecretario de Hacienda), Emilio Lozoya (exdirector de Pemex) y Zoé Robledo Aburto (titular del IMSS).

Es decir, no se trata de una subordinada cualquiera, es alguien que sabe su valía e importancia dentro de la SCJN. Una directora de comunicación, que en un desliz, olvidó el protocolo y limpió los zapatos del ministro presidente en público. Posteriormente, declaró que derramó crema de nata en el calzado y se agachó a limpiarlo. Un lapsus que Hugo Aguilar terminó pagando.

Sin embargo, lo que este incidente demuestra es que Hugo Aguilar aún no entiende la importancia de ser cuidadoso con las formas, sobre todo, en unos momentos que, a pesar de la lejanía de las elecciones de 2027, ya se sienten preelectorales.

En tan solo unos meses, Hugo Aguilar ha cometido algunos errores de comunicación que la oposición ha sabido capitalizar: desde los supuestos zapatos Ferragamo hasta la adquisición de camionetas Grand Cherokee blindadas para los ministros de la SCJN.

A estas alturas, el ministro presidente debería saber de sobra que cada error suyo será usado en su contra y debería empezar a tomar más en serio su estrategia de comunicación, así como lo que intenta transmitir, porque como dijimos al inicio de este artículo, en política, nada es casualidad y todo es semiótica.

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