Solo tres días duró la expectativa de una renovación en Morena tras la entrada de Ariadna Montiel el domingo 3 de mayo. El martes 5 de mayo la nueva presidenta del partido guinda estrenó su estrategia de comunicación peleando no con un actor político, sino con dos: Maru Campos, gobernadora de Chihuahua e Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid.
Con un tweet redactado por ChatGPT, la novísima dirigente del partido guinda se lanzó contra la gobernadora por atentar contra la soberanía nacional al provocar la intervención de agentes extranjeros en México.
Un par de horas después, un nuevo tweet de Ariadna Montiel encendió las redes por su virulencia, ahora contra la política madrileña Isabel Díaz Ayuso, quien realizaba una gira por México durante esa semana.
Al día siguiente, miércoles 6 de mayo, con un nuevo tweet redactado por ChatGPT se lanzó contra el presidente del PRI, “Alito” Moreno. En esta ocasión utilizó un lenguaje más agresivo, aunque lleno de lugares comunes, con ideas que puede formular cualquier community manager veinteañero, no como alguien con el peso y experiencia política que ella debería tener.
No nos confundamos, no vamos a defender lo indefendible. Esto no trata sobre quién tiene la razón, quién es el bueno o el malo de la historia. Es una cuestión de comunicación, y lo que comunica Ariadna Montiel es sencillamente lamentable.
Es lamentable porque decepciona a todos los que esperaban una dirigencia alejada de la de Luisa María Alcalde, quien se percibía como una líder que todo pretendía solucionar a través de tweets, tiktoks y reels, siempre con un aire de superioridad y alejada de la ciudadanía y la militancia.
Es lamentable porque, francamente, Ariadna Montiel es una política eficaz, operativa, de acción. Alguien que se espera que solucione problemas en lugar de buscar pleitos en redes sociales como una millenial desconectada del mundo. Justamente fue una de las razones por las que fue tan bienvenido el cambio entre ella y Luisa Alcalde.
Ariadna Montiel en Chihuahua: una primera rueda de prensa agridulce
Tras unos días de perfil bajo, que fueron interpretados como de reflexión y replanteamiento de su estrategia de comunicación política, el martes 12 de mayo, Ariadna Montiel ofreció una rueda de prensa en Chihuahua para convocar una marcha para exigir un juicio político contra Maru Campos.
En el evento estuvo flanqueada por Andrea Chávez, senadora con licencia de Morena, y Cruz Pérez Cuéllar, presidente municipal de Ciudad Juárez, así como por Camila Martínez, secretaria de Comunicación de Morena y Myrna Brighite Granados de la Rosa, presidenta del partido guinda en Chihuahua.

En dicho evento, por momentos, se le notó con voz temblorosa aunque ceñida al guion, lo que confirmó lo que se sospechaba desde días atrás: Ariadna Montiel no es una provocadora. No tiene la capacidad de discusión, no tiene la facilidad de palabra para un tête à tête, como sí demuestran tenerlo figuras como Tatiana Clouthier, Arturo Ávila o en el pasado, personajes como Diego Fernández de Cevallos o Carlos Castillo Peraza. Y está bien, no tiene por qué serlo. De hecho, sería mejor que no lo sea.
Como mencionamos líneas arriba, el perfil que ha demostrado tener Ariadna Montiel es otro. Y justamente es eso lo que se espera de ella: una dirigente conciliadora, política, capaz de operar en territorio y con otras fuerzas políticas, incluso de la oposición. Sin embargo, sus primeros actos como presidenta del partido más poderoso de México, no auguran los mejores resultados.
Ariadna Montiel inicia la dirigencia un poco con el pie izquierdo, pero apenas está empezando y tiene tiempo para mejorar el rumbo de su estrategia política, que podría ser mucho mejor de lo ha demostrado en estos días, para enderezar el rumbo que el partido ha perdido en los últimos meses.

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